El género chico, que de chico tiene solo tiene la duración, refleja en numerosas ocasiones el Madrid castizo y vecinal. La música lírica rejuveneció en Madrid en el siglo XIX cuando el teatro Apolo acogió muchas de las zarzuelas que todavía hoy perduran entre los gustos del público. Como la crisis limitaba el acceso del público a los espectáculos habituales de cuatro horas, se inventó el «teatro por horas», con espectáculos de una hora de duración que permitían abaratar la entrada. Una de estas obras se estrenó en 1897, y Madrid contó desde entonces con La Revoltosa.

Ruperto Chapí es el artífice de la música de La Revoltosa, con un libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw, que supieron escenificar el sentir popular del Madrid de aquellos años, sus costumbres, sus peculiaridades, su fina e irónica manera de relacionarse, su madrileñismo. La música no se queda a la zaga, siendo La Revoltosa una obra sinfónica y popular, brillante y cercana.

Un patio de vecinos, tan típico del Madrid del XIX, sirve como escenario para los amores de Felipe y Mari Pepa, que para demostrarse lo mucho que se quieren, no paran de atacarse verbalmente de continuo, mostrando en todo momento ese ingenio nativo madrileño, lleno de expresiones agudas lanzadas con prontitud, que obliga a los contendientes a estar continuamente alertas y a los espectadores también.

No podía faltar tampoco la verbena, que es el acontecimiento que pone en movimiento a todos los personajes y provoca el desenlace. Siendo el acontecimiento social por excelencia de la vida popular, cobra mucha importancia quién va con quién y de qué manera va o viene. Los vecinos de la corrala, que llenan de piropos y lindezas a una Mari Pepa que no esconde en casa su belleza y su rápida lengua, desencadenan los celos de sus mujeres, que toman cartas en el asunto. Así que las buenas vecinas, que tampoco necesitan a nadie que las defienda, organizan una trampa para escarmentarlos. Para evitar males mayores, Felipe y Mari Pepa no tienen más remedio que reconocer que se quieren.

Muchos de los números musicales de La Revoltosa son muy conocidos por un amplio público, aunque a veces no sepamos situarlos en la obra original. Es el caso, por ejemplo, de las seguidillas del inicio, en las que los vecinos cantan en el patio bajo la ventana de Mari Pepa:

Atenodoro
Al pie de tu ventana
vengo a cantarte;
no arrugues el hocico
que ayer fue martes.

Cándido
¡Olé los hombres
sacando consecuencias!
(...)

Mari Pepa
Vecino, ¿le sería a usted igual tocarse las narices? ¡Porque tengo la cabeza algo delicada!
(...)

Atenodoro
¡Allá va!
Hizo Dios el infierno
con mil demonios
pa algunas fanfarriosas
que yo conozco.

Mari Pepa
(Dentro)
¡Por eso se conoce
que hay tantos congrios
que quisieran morirse
pa ser demonios!
(...)

Hombres
No es verdad que ninguna
mujer se pierda.
Quien se pierde es el tonto
que se la encuentra.
Pero hay mujeres
que pa darnos la lata
nunca se pierden.

Después de acompañar a los personajes a la verbena, participamos con ellos de los pequeños lujos con que los madrileños convertían en fiesta las cosas sencillas: cantar y bailar tomando chocolate, limoná o agua de cebada.

Y sigue la música:

Soledad
Cuando un hombre soso y feo,
y además tonto perdío,
camela con fatiguitas
a una mujer de sentío,
casi siempre ha sucedío...

Los demás
¿Qué?..

Soledad
(Suspirando) ¡Angel mío!
Que ella le tira el anzuelo,
que él lo muerde como un pez.
¡Y así se ven en el mundo
las desgracias que se ven!

Y después de las peripecias que las astutas vecinas hacen pasar a sus infieles maridos, llegan las dos frases musicales más conocidas de la zarzuela:

Mari Pepa
¡Ay, Felipe de mi alma!

Felipe
¡Mari Pepa de mi vida!

Y Felipe ensalza en Mari Pepa a la mujer madrileña:

Felipe
La de los claveles dobles,
la del manojo de rosas,
la de la falda de céfiro
y el pañuelo de crespón:
la que iría a la verbena
cogidita de mi brazo...
¡eres tú!... ¡porque te quiero,
chula de mi corazón!

Un tiempo de verbena y limoná, de baile y alegría, de ingenio y chulería, de bullicio de chulapos y mujeres orgullosas de poseer «lo que hay que tener». El Madrid de no hace tanto, el Madrid de nuestras raíces, nuestro Madrid.

E.M.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b9/La_revoltosa.jpg
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https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/17/Decorado_para_La_Revoltosa_-1897-_Giorgio_Busato_y_Amalio_Fern%C3%A1ndez.jpg
Giorgio Busato (l836-l9l7) [1] y Amalio Fernández (1858-1928). [2], Public domain, via Wikimedia Commons

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