Gloria Fuertes fue una escritora madrileña cuya fama se hizo notable por sus colaboraciones en programas infantiles de televisión a partir de los años 70. Ella encontró una manera amena de transmitir a los niños su amor por los libros y sus valores ante la vida (Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas).
Pero sería injusto e insuficiente catalogarla solamente como una escritora infantil. Eso se quedaría lejos de su verdadera trayectoria personal y profesional. 


Nació en Madrid en 1917 (Gloria Fuertes nació en Madrid a los dos días de edad, pues fue muy laborioso el parto de mi madre, que si se descuida muere por vivirme), en el castizo barrio de Lavapiés, más concretamente en la calle de la Espada, en una familia humilde. Su padre era bedel y su madre, costurera y sirvienta.


No era su casa, precisamente, un foco de amor por las letras, porque la propia escritora cuenta que su madre se enfadaba cuando la pillaba con un libro o un cuaderno. Era una ovejita negra, y ya en su madurez, se quejó públicamente de que nunca tuvo el menor apoyo de su familia en su afición literaria (En las noches claras, resuelvo el problema de la soledad del ser. Invito a la luna y con mi sombra somos tres). Pero debieron de ser unos genes literarios muy potentes los suyos porque aprendió a leer a los tres años de edad, comenzó a escribir y dibujar sus propios cuentos a los cinco y publicó sus primeros versos a los catorce (Niñez, juventud, vejez).


Cuando murió su madre (murió cuando más falta me hacía), comenzó a trabajar y a compaginar sus tareas de contabilidad con las de escribir (pasé de la oficina de hacer cuentas a una redacción para hacer cuentos). Publicaba versos en una revista infantil y dio sus primeros recitales de poesía en Radio Madrid. Fue redactora de la revista infantil Maravillas, colaboró con el diario Arriba (con sus historietas de Coletas y Pelines) y también en las revistas Rumbos, Poesía Española y El Pájaro de Paja. Fundó, junto a Antonio Gala y otros, la revista poética Arquero, de la que fue directora.


Organizó la primera biblioteca infantil ambulante que recorría pequeños pueblos, y creó el grupo femenino Versos con Faldas, que ofreció durante dos años lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. Estrenó en el Teatro del Instituto de Cultura Hispánica su primera obra de teatro en verso, Prometeo, que recibió el Premio Valle-Inclán.


Pisó por primera vez una universidad para impartir clases en ella. Fue en Estados Unidos, en 1961. Adquirió popularidad en los programas televisivos Un globo, dos globos, tres globos, La mansión de los Plaff y La cometa blanca. Cuando murió, en 1998, legó toda su fortuna a una institución infantil.


Gloria Fuertes se definía a sí misma como solitaria (estoy más sola que yo misma), feminista, castiza, autodidacta y poéticamente desescolarizada. Decía que antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa. Por eso su literatura es comprometida, defiende la igualdad entre hombres y mujeres, muestra una actitud abiertamente pacifista denunciando toda situación de injusticia y violencia (La Tierra no está para muchos trotes / está cansada. / Cuando entierran en ella /niños con metralla / le dan arcadas), y manifestando su amor por la naturaleza en todos sus poemas (Sobre el césped los árboles me hablan del divino poema del silencio).


Tuvo que padecer las miserias de la guerra civil (A los nueve años me pilló un carro, y a los catorce me pilló la guerra) y su voz femenina fue una de las principales de la posguerra (Lo único bueno que me dio fue que me hizo pacifista). Reclamó los derechos de las mujeres, empezando por el derecho a leer, a escribir, a trabajar o a ser poeta (no poetisa, porque parece cosa de risa y muy cursilindo), en un momento histórico en el que las mujeres tenían que quedarse en casa.


Su calidad literaria queda fuera de toda duda y ha sido elogiada por los más prestigiosos literatos e investigadores nacionales e internacionales. Su forma de expresarse campechana e intencionadamente cotidana hace de su obra algo singular (Escribo como escribo, a veces deliberadamente mal, para que os llegue bien). Sus poemas están llenos de musicalidad, con juegos lingüísticos frescos y sencillos, adornados con curiosas metáforas (Al marcharte, enciende las estrellas, se han llevado la luz y apenas veo). Es continua la invención de imágenes, giros y sonoridades sorprendentes y eficaces (La poeta se casó con el poeto, y en vez de tener un niño tuvieron un soneto). En su Carta de la eme habla de Manolo, un poema cuyas palabras empiezan todas con la letra eme (Manolo mío: mi madrileño marchoso, maduro melocotón maleable...).


Los versos de Gloria Fuertes están llenos de frases hechas y proverbios, coloquialismos y registros infantiles, que maneja ingeniosamente dándoles un nuevo significado. Toma el lenguaje como juguete y se entretiene con él como lo haría un niño: El libro loco: de todo un poco, La ardilla y su pandilla, Coleta payasa, ¿qué pasa?, Don Pato y Don Pito, La oca loca, El dragón tragón...


La Biblioteca Virtual Cervantes explica que “sus nanas, canciones y poesías están llenas de aliteraciones, anáforas, enumeraciones caóticas...; incluso de recreaciones de poemas de autores clásicos, que parafrasea socarronamente, lo que comporta un gran ingenio. Muchos de sus poemas se siguen utilizando como paradigma de poesía infantil: es decir, poesía hecha con la musicalidad evidente y los mensajes inocentes, que, sin embargo, esconden mucho más" (la gente corre tanto / porque no sabe dónde va, / el que sabe dónde va / va despacio / para paladear / el “ir llegando”).


Su mensaje de amor y denuncia de la injusticia sigue vivo y resonará mucho tiempo (La gente dice: / «Pobres tiene que haber siempre» / y se quedan tan anchos, / tan estrechos de miras, / tan vacíos de espíritu, / tan llenos de comodidad). Pero también su optimismo y positividad (Presiento la rosa en el tallo dormido).


Su figura es muy apreciada y estudiada en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos, donde ha sido objeto de numerosas tesis doctorales. En 1986 fue galardonada con la Medalla del Día Mundial de Cruz Roja; en 1987 fue nombrada Dama de la Paz; y en 1997, Socio de Honor de UNICEF. En 2017, año del centenario de su nacimiento, Madrid le dedicó una de sus calles.


«Triunfé con mi poesía
pero no asistí a mi triunfo.
Si tengo algo mejor que hacer
tampoco asistiré a mi entierro».


En su lápida está grabado lo siguiente: Gloria Fuertes, poeta de guardia (1917-1998). Ya creo que lo he dicho todo y que ya todo lo amé.


TODO EL PASADO
Todo el pasado se quiere apoderar de mí
y yo me quiero apoderar del futuro,
me dislocan la cabeza para que mire atrás
y yo quiero mirar adelante.
No me asustan la soledad y el silencio,
son los lugares preferidos de Dios
para manifestarse.
Mi eterna gratitud a los que me quieren,
siempre les recordaré a la hora del sol.
No puedo detenerme,
perdonad, tengo prisa,
soy un río de fuerza, si me detengo
moriré ahogada en mi propio remanso.


Gloria Fuertes, una mujer que siempre vivirá en Madrid.


E. M.


IMÁGENES
By Arturo Espinosa - https://www.flickr.com/photos/espinosa_rosique/8566498596/, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61761566

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